¿Te imaginas ir a pagar tu compra en una tienda y que te digan que no admiten efectivo? Pues en Dinamarca ya está pasando. Comercios, gasolineras, restaurantes y establecimientos de todo tipo se pueden negar a aceptar pagos en efectivo y el Banco Central de Dinamarca ya no fabrica billetes. Solo el 25% de las compras se pagan en efectivo y uno de cada tres ciudadanos emplea una aplicación para transferir dinero a otros teléfonos o cuentas con el smartphone.

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Dinamarca ha iniciado el camino para ser el primer país del mundo sin efectivo y le ha puesto fecha al fin del dinero físico: 2030. Otros países como Suecia e Islandia siguen sus pasos y también apuestan por eliminar el efectivo. El Banco Central Europeo ya ha anunciado que dejará de imprimir billetes de 500 euros en 2018.

La desaparición de las monedas y billetes no es solo una realidad en países ricos. En Somalia han sustituido el chelín somalí por el móvil. El sistema bancario del país ha ido desapareciendo tras años de guerra y ha sido casi sustituido por el móvil. En Somalia el 51% de la población tiene un móvil y alrededor del 40% de los adultos utilizan cuentas de dinero móvil según el Banco Mundial. La tecnología les ha facilitado mucho la vida y es habitual que los somalíes paguen todo tipo de compras con su teléfono. Ecuador es otro ejemplo. El 40% de la población no está bancarizada pero el 100% tiene móvil. En el mundo hay unos 2.500 millones de personas que no tienen servicios bancarios pero pueden acceder fácilmente a un teléfono móvil.

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Hacia un mundo sin dinero físico

La tecnología avanza imparable hacia los pagos digitales y móviles, aunque el proceso de aceptación por parte de los usuarios es lento. Los defensores de la desaparición del dinero en efectivo aseguran que puede beneficiar a la lucha contra la economía sumergida, el dinero negro, los delitos fiscales, el fraude e incluso acabar con las organizaciones terroristas. También defienden que se eliminan los costes de fabricación de billetes y monedas, y que el proceso de pago es más rápido y sencillo.

Aunque las ventajas son muy numerosas los detractores advierten del fin de la privacidad y del control de todas las transacciones por parte de los gobiernos y los bancos. Los hackers y las organizaciones con fines criminales también podrían seguir el rastro de las transacciones.

Lo más importante es que, de momento, se puede elegir libremente el método de pago. El efectivo tiene los días contados pero todavía convivirá con las tarjetas y los pagos digitales y móviles, pero ¿por cuánto tiempo? ¿están los ciudadanos preparados para un mundo sin dinero?.